The Inter-American Democratic Charter urges the OAS to promote youth activities that foster democratic values and promote social and political progress in the Americas.
Similarly, OAS Secretary General José Miguel Insulza has a special interest in promoting the participation of young professionals and university students in OAS electoral observation missions. For these reasons, a group of 40 university students was joined to the OAS Electoral Observation Mission for the November 2006 general elections in Nicaragua.
The group of young observers was recruited through a special selection process, and included citizens from fifteen countries throughout the hemisphere. While in Nicaragua from November 2-8, 2006, they participated in electoral training, field work, observation, data collection and analysis.
Through the experience of electoral observation, the university students learned the importance of promoting democratic institutions, values and practices. Their evaluation of the experience was positive. This pilot project is expected to be replicated in future OAS missions.
Cultura y Valores Democráticos:
Una apreciación de la Misión Electoral en Nicaragua 2006.
Abraham Alvarez Ramírez
Coahuila, México
Día con día los países Latinoamericanos luchan por consolidar sus Democracias conforme a sus propias reglas de acuerdo a una Cultura que le da identidad y fuerza a su territorio. La Cultura es entonces, un elemento que juega un papel importante en la consolidación de Instituciones y Gobiernos pero, ¿De que manera influye la Cultura en la consolidación de la Democracia?. Al parecer, en la Cultura hay un elemento necesario para la instauración y supervivencia de la Democracia. Sobre este tema existen diferentes tesis al respecto, según Montesquieu, se trata de una fuerza motriz irracional: el temor, el honor, la virtud que son reflejo de las religiones, las costumbres y las maneras. Por otra parte, los defensores de la teoría de las etapas hablan más bien de sentimientos, de hábitos, del sentido racional de la utilidad pública. John Stuart Mill es más sistemático y distingue entre la preferencia por la democracia, las características naturales necesarias para su mantenimiento y el espíritu comunitario.
En mi experiencia personal puedo sugerir que la formación educativa y cultural desde el seno familiar, (como núcleo de toda sociedad) hasta las Universidades, (que son el ente donde convergen conocimientos) son motores importantes en la consolidación de los gobiernos, de ahí radica entonces el papel fundamental de los valores inculcados en las familias y la formación en las academias.
De mi participación como Joven Observador en la Misión Electoral en Nicaragua, pude percibir el compromiso actual que nace en las familias y esa identidad regional que surge desde los núcleos sociales. Nicaragua es un país que ha enfrentado dictaduras y luchas internas ante la búsqueda de consolidar un régimen Democrático; en esta oportunidad, pude sentir el valor cívico de la sociedad Nicaragüense y ese compromiso junto con sus Instituciones Políticas y Electorales de conducir a su país en términos de Libertad, Tolerancia y Justicia. Era emocionante ver como colegas, compañeros y conciudadanos que en un pasado habían luchado en trincheras distintas, ahora se unían para una causa común: “cooperar en la transparencia y seguridad de los procesos electorales”. El equipo de jóvenes, del cual yo formaba parte estaba constituido por elementos muy valiosos y preparados, me da gusto percibir esa efervescencia en la juventud por construir la historia y no padecerla. No dudo ni un solo momento que la elección fue transparente, tomando en cuenta también que fue una de las elecciones mas observadas en este año.
Quizá existe indeterminación en algunos conceptos sobre la influencia de la Cultura en las transformaciones democráticas pero Nicaragua, así como muchos otros países, luchan por esa transformación en donde directa e indirectamente influye la Cultura en su desarrollo ante la necesidad de generar esa capacidad para discernir sobre los problemas y desafíos comunes.
Organizaciones como la OEA y el gobierno de Coahuila México, de donde provengo, juegan su papel histórico de transformar realidades por medio de este tipo de actividades que forman nuevos cuadros de jóvenes a través de la experiencia y la capacitación. En el caso personal esta participación me ha motivado a generar esa inquietud y espíritu en los jóvenes de mi Estado en México, a través de un proyecto relacionado con la Cultura gracias al apoyo que he tenido del Gobernador de mi Estado. Agradezco infinitamente a Nicaragua y a la Misión Electoral haberme transmitido esa sensibilidad.
La Democracia, la Paz y la OEA en Nicaragua
Izabela Pereira (Brasil)
Nicaragua es la prueba de que la ausencia de conflictos bélicos no significa prosperidad. Tras una historia de sucesivas guerras civiles, dictadura e desastres naturales, el país presenta un escenario de alto nivel de pobreza, desigualdad social, inestabilidad económica, dependencia estadounidense y violencia civil. Semejante a las elecciones de 1990, los sufragios del 5 de noviembre de 2006, representaron para esta nación un nuevo capitulo en la permanente construcción de su democracia. No obstante y aunque este porcentaje respete los acuerdos político-partidarios previos, el regreso del líder sandinista Daniel Ortega al poder con 38% de los votos pueden presentar dificultades de gobernabilidad.
Varias peculiaridades hacen de esta Misión de Observación Electoral-MOE de la Organización de los Estados Americanos-OEA única. Primeramente, fueron las elecciones más observadas de la historia nicaragüense, con más de 1200 observadores internacionales de diversos organismos como la Unión Europea, Instituto Carter y la USAID. En segundo y a fin de garantizar la observación de un proceso electoral cristalino, esta Misión de la OEA fue de largo plazo y grande, contando con 183 observadores de 22 países de las Américas, siendo 38 jóvenes observadores voluntarios. Estos datos evidencian la preocupación por parte de la comunidad internacional en procesos domésticos, como consecuencia de la dinámica de interdependencia global.
En pocas palabras, colaborar con esta Misión significa ser partícipe como agente internacional de un momento histórico de una nación, donde el pueblo nicaragüense como actor, construye su democracia sabiendo de los altos costos consecuentes de varias guerras civiles e impactante miseria. Además, la Misión de Observación Electoral permite entender a fondo la historia y la realidad del Estado-nación en su momento de mayor auge de sensibilidad y simbolismos. Conjuntamente, permite analizar su proceso de democracia representativa destacando con imparcialidad las fortalezas, oportunidades, debilidades e amenazas del sistema. Como observadora proveniente de Brasil, país con referencia internacional en voto electrónico y tercera mayor democracia mundial en número de electores, pude re-constatar la posibilidad de establecer cooperaciones técnico-institucionales entre ambos países y con intermediación de la Organización de los Estados Americanos.
Además de la profundización de los entendimientos de los procesos democráticos, participar en estas misiones permite igualmente entender con mayor solidez las actividades realizadas por la Organización de los Estados Americanos para la promoción y el fortalecimiento de la democracia. Estas misiones respetan la Carta Democrática Interamericana y la Carta de la Organización de los Estados Americanos que reconocen que la democracia representativa es indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región. Asimismo, uno de los propósitos de la OEA es promover y consolidar la democracia representativa respectando el principio de la no-intervención.
Entretanto, desde una perspectiva orientada hacia la resolución de conflictos y a la promoción y el fortalecimiento democrático, en el topo de todo el aprendizaje de esta Misión residen en el podio la inexplicable sensación de estar en territorio pos-conflicto. Por una cruel ironía de la historia, los “contras” y “compas” reivindican los mismos derechos, denuncian las mismas injusticias y se iluden con primitivas promesas de campaña: no pasan de víctimas de la falta de reconocimiento y de una subsistencia clientelista precaria. Frente a las rupturas sociales, condición económica y poder en manos de partidos políticos dilacerados, viven una paz ilusoria y una oligarquía constitucionalista. Curiosamente, Nicaragua es una tierra de volcanes y lagos, no será apenas coincidencia, considerando que tiene una historia reciente de contenciosos irrumpidos y paz limitada.
En suma, la democracia y la paz en Nicaragua son como una copa de cristal: cara y frágil. Apenas el incremento del flujo comercial, el fortalecimiento de las instituciones políticas y programas gubernamentales de desarrollo podrán proporcionar la paz real y positiva para aquella multitud de niños descalzos, descamisados, enfermos e analfabetas que caminan solitarios al borde de las carreteras. Sus horizontes están al mismo nivel del piso. Todavía la esperanza siempre palpita fuerte en los corazones de los inocentes. La OEA, como el organismo multilateral del continente por esencia, tiene un rol irrefutable para el acompañamiento del progreso de Nicaragua. A su vez, participar de este proceso es una oportunidad de valor inmensurable.
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Izabela Pereira (Brasil) es maestranda en Resolución de Conflictos e especialista en Economía y Ciencias Políticas. Licenciada en Relaciones Internaciones, participó como joven observadora en la Misión de Observación Electoral de la OEA en Nicaragua. Contacto: izabelapereira@interpatris.org.
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DEMOCRACIA DE UNA JUVENTUD CONTINENTAL
Juan-Pablo Pallamar Urzúa (Chile)
Nicaragua es un país políticamente muy rico que sin embargo, necesita de toda la solidaridad democrática del continente para fortalecer su institucionalidad y participación democrática.
Conocí algo de Nicaragua, durante ocho días en una misión de la OEA. Me maravilló de inmediato el verde intenso de su entorno natural y sus hermosos parajes. Pero igualmente me golpeó la urgente necesidad social del pueblo "nica" tal como se apodan ellos mismos. Sin duda, son un pueblo rebosante de virtudes pero aquejado de grandes desigualdades sociales.
La heterogeneidad cultural bulle en el corazón de sus comportamientos, de sus ideas, de sus formas de entender su propio entorno, lo cual es una gran, sino la mayor, virtud democrática del pueblo nicaragüense. Así, a mi modo de ver, esa alegría inherente a ellos mismos, es la fuerza de un impulso positivo. De una necesidad de progreso social y democrático arraigado en la convicción de construir el bien común.
Con todas las particularidades que el sistema electoral de Nicaragua tiene, la alta politización nicaragüense pasa a ser un elemento de gran valor para la consolidación democrática, más aun cuando la juventud de Nicaragua fue parte sustancial del proceso electoral. Si queremos apreciar el proceso democrático de Nicaragua debemos poner atención en algo que puede llegar a ser un "arma de doble filo". Asumiendo que esa politización es el motor de una necesidad de transformación social para los "nicas", así como a su vez, sin las debidas precauciones institucionales, puede acentuar una polarización política que en comparación a la experiencia de las democracias en América Latina, sin particularizar el caso de Nicaragua, siempre ha sido fuente de fuertes pugnas políticas que han puesto en riesgo la, en muchos casos, inmadura institucionalidad democrática.
Dado el hecho que las propias democracias en América Latina, han sido frágiles no sólo en relación a sus marcos legales sino porque también, no logran legitimarse socialmente ni arraigarse con fuerza en consecuencia a los altísimos índices de desigualdad social y pobreza, de lo cual ciertamente Nicaragua no es la excepción.
No obstante la participación de organismos como la OEA en misiones que concluyen exitosamente con sus objetivos alcanzados y plenamente cumplidos, cual fue en este caso dar respaldo al desarrollo de un proceso electoral limpio, regular, fluido y transparente que consolide con imparcialidad política la legitimidad del proceso. Y si bien es parte importante de la labor de los organismos internacionales como OEA, sigue siendo un paso de un largo camino de construcción democrática del continente por cierto, es un paso que debe permitir profundizar la idea y estrategia de los alcances de la democratización continental de América.
Sin embargo, si no queremos que la democracia sólo se reduzca al fundamental derecho de las y los ciudadanos a decidir cuales serán sus representantes y gobernantes y por ende, construir democracias frágiles e insustentables en el tiempo, vulnerables a la desigualdad social y sin proyecto democrático nacional y autónomo, debe necesariamente tejerse en el continente una cultura democrática compartida. En la cual el marco general de la definición de la palabra democracia sea por cierto garantía de una institucionalidad transparente y eficiente con el fin claro de establecer certeza de equidad y bienestar social. Que concretamente asiente la base de un continente integrado y solidario por el bien común de las y los americanos. Para ello, las nuevas generaciones somos decisivas. Tenemos un rol que asumir y explotar. Acelerar la consolidación y los procesos de progreso social es tarea exclusiva de las y los jóvenes.
Así, Nicaragua es una nación que tiene los elementos a conjugar para avanzar en su propio progreso. Y por lo mismo, la tarea es aportar y apoyarse entre naciones americanas, sin intervenir, sin interrumpir la soberanía de los procesos autónomos y democráticos de cada pueblo americano que aun así, necesitan de una acción solidaria más profunda y social, más contundente y solvente por parte de organismos como OEA o los que el continente decida utilizar, sumando y no restando. OEA jugó un rol importante en la elección presidencial de Nicaragua, lo cual reafirma que su papel está encarnado en el fortalecimiento de la confluencia social, política, cultural y económica del continente.
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